Te busco, Maga ¿dónde estás?
Por qué, quiero saber por qué, a veces te gusta jugar así, a las escondidas, a perderte en las rumiaciones de Horacio. Si vos sos otra cosa. Sabías que no había por qué aprender eso. Pretendés empaparte de toda esa “cultura”, así le llamás, que te falta. Querés ir profundo, con análisis, libros, e ideas rebuscadas. Y allá te veo, corriendo, enmarañada, asustada. Te persiguen los juicios que vos misma inventaste sin siquiera imaginar...
Ahora entendés, y eso en un punto te enorgullece, verdad? Te sentís parte. Sin embargo, hay en tus labios un sabor amargo que poco se parece a la fruta madura que conocías, que te han dicho.
Te veo, Maga, intentando nadar un poco en tus ríos, pero que difícil te resulta ahora... Eso que hace poco parecía formar parte de tu naturaleza.
Te desconozco, Maga. Y eso no es lo peor, ya diría mi padre, lo peor es que vos misma no sabés quién sos cuando te quedás parada allí, frente al espejo. Y tu carne te parece ajena.
Cuidado al nombrar
Hace 9 años



